Paul Hawken,
empresario y autor norteamericano, en su libro Bendita Rebeldía (Blessed
Unrest, Penguin, 2008), dice que el movimiento por la sustentabilidad es parte
de un vasto movimiento mundial. Quizá el más grande movimiento que jamás haya
existido. Un movimiento que cuenta con cerca de dos millones de organizaciones
en el mundo que buscan la perdurabilidad y la justicia social.
Pero si lo
pensamos bien, éste no es realmente un movimiento. Los movimientos tienen
líderes y manifiestos, estatutos, biografías y fechas. Doctrinas. Esto es más
incipiente y amorfo. Pareciera una respuesta colectiva y orgánica, casi
biológica, a una situación de emergencia planetaria.
Es el movimiento
social más grande de la historia de la humanidad. Luchan por el ambiente
esquimales en el Ártico, nómadas en Mongolia, familias en la India, indios en
Tehuantepec, estudiantes en Australia, agricultores en Francia, restauranteros
en Italia, amas de casa en Kenia, jóvenes en el Bronx. Sus múltiples líderes
son zapateros, campesinos, biólogos y poetas. Es un movimiento que no se puede
dividir pues ya está atomizado, pero aún así sus partecitas inconexas son capaces
de coagularse, veloces para encadenarse y para volverse a disipar. A este
movimiento lo acusan de no tener poder, de no tener éxito, pero han derrotado a
gobiernos y han arrinconado a poderosas corporaciones.
Como dice Hawken,
este movimiento tiene tres raíces que convergen y se trenzan: el medio
ambiente, la justicia social y la resistencia de las culturas locales e
indígenas contra la globalización.
Tratar de
describir este movimiento es como intentar abarcar el océano con una mano. No
es un “ismo”. Se mantiene unido por el poder de las ideas, no de las
ideologías. Las ideas, en plural, no La Gran Idea. Refleja la parte generosa,
resonante y flexible de la humanidad.
Dice Hawken que
nadie lo puede encasillar. En este movimiento no caben las generalidades. Es un
movimiento no violento y es de base. No tiene bombas, ejércitos ni
helicópteros. Sus armas son la palabra, la marcha, la creación, la resistencia
y la construcción de nuevos futuros.
Pero debe quedar
claro que nadie lo podrá apaciguar, aplacar o suprimir. El movimiento por la
sustentabilidad seguirá tomando múltiples formas y apareciendo en todas las
organizaciones humanas: en las empresas, en las iglesias, en los partidos
políticos, en los gobiernos. Este movimiento no vencerá. No conquistará. No
dañará a nadie. Simplemente tendrá el número suficiente, la masa crítica, para
crear una sociedad justa que permita que la vida en la Tierra se exprese,
terminando con siglos de la auto-destrucción frenética que hoy estamos viendo.